Amalia Solórzano, defensora de la expropiación petrolera, los exiliados españoles, los estudiantes y las comunidades indígenas
20 de marzo de 2025

En la Mañanera del Pueblo, encabezada por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la Subsecretaria de Educación Básica, Angélica Noemí Juárez Pérez, recordó que el pasado 18 de marzo se cumplieron 87 años desde que el presidente Lázaro Cárdenas del Río expidió el decreto de la Expropiación Petrolera, el cual consistió en la apropiación legal del petróleo que explotaban 17 compañías extranjeras que tenían el control de la industria, para convertirlo en propiedad de los mexicanos. Este acto de soberanía y de protección de los recursos naturales de México no fue bien visto por dichas compañías, las cuales exigieron una indemnización e incluso sanciones al país. En ese contexto, se formó el Comité Nacional Femenino pro-recaudación económica, presidido por Amalia Solórzano, esposa de Lázaro Cárdenas, con el objetivo de recaudar dinero para apoyar la causa de la expropiación petrolera.
Al respecto, la Subsecretaria enfatizó que, a la convocatoria, las mujeres donaron zapatos, billetes, monedas, máquinas de coser, plantas e incluso gallinas y guajolotes, apoyando así el llamado del presidente Lázaro Cárdenas.
En el video presentado, se explicó que Amalia Solórzano nació el 10 de julio de 1911 en Tacámbaro, Michoacán, y se casó en 1932 con el general revolucionario Lázaro Cárdenas del Río. En 1937, mientras Amalia era primera dama, formó parte del comité que recibió en la Ciudad de México a los hijos de los republicanos españoles, los llamados niños de Morelia, cuyos padres los habían enviado a México para alejarlos de la guerra en su país.
Cuando se decretó la Expropiación Petrolera en 1938, Amalia se sumó a la organización de colectas populares para pagar la deuda petrolera que se tenía con las empresas extranjeras. La más famosa fue la del 12 de abril de 1938 en el Palacio de Bellas Artes, a la que Amalia mencionaría en sus memorias: “No había una respuesta más bonita que esa, [las personas] llegaron con animales, gallinas y borregos, alhajas, anillos de matrimonio, medallas del bautizo, objetos distintos, miniaturas, de todo. Fueron días de mucha actividad y grandes satisfacciones, la generosidad y calidad de la gente expresadas en todas las formas, que así respondieron a este acto que marcó para siempre nuestra soberanía económica”.
Posteriormente, en 1968, Amalia apoyó al movimiento estudiantil por convicción propia y asistió de incógnito a varias manifestaciones, como la “marcha del silencio”, de la que recordaría: “Regresé a la casa eso de las ocho y media de la noche, entré al despacho del general, nada más se paró, se me quedó mirando y lo primero que me dice es: ‘¿Y cómo estuvo la concentración, chula?’. Y le contesto… pues muy buena, muy concurrida. No sé si él se haya imaginado que mis salidas eran siempre por ese motivo, pero ni me lo prohibían, ni me lo autorizaba, era cuestión mía y era valor entendido que a mí me interesaba e iba”.
Tras la muerte de Lázaro Cárdenas en 1970, Amalia se dedicó a trabajar intensamente con los pueblos indígenas, principalmente en la región mixteca, laborando durante 18 años encabezando la construcción de caminos y techos para escuelas, además de llevarles despensas, cobijas y comida.
También, en 1994, respaldó al movimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y, dos años más tarde, fue parte de la comisión de seguimiento y verificación de los Acuerdos de San Andrés.